Acerca de la orden del oráculo, por Douglas Harwickle

Death of the Outsider

Mucho se ha dicho sobre las hermanas ciegas de la orden del oráculo. Lo cierto es que sus ojos funcionan tan bien como los tuyos o los míos. Sin embargo, se esfuerzan por permanecer ciegas ante las distracciones y frivolidades. Si la necesidad las obliga, caminarán entre nosotros, llevando vendas profusamente coloridas o cubriéndose los ojos de algún otro modo. De esta manera, están “preparadas en todo momento para ver las cosas con claridad”.

Las decisiones se toman durante reuniones enclaustradas. Aunque no se permite a nadie observarlas, me describieron el proceso, así que lo reproduzco aquí con su permiso.

“Se prepara una habitación cargada de incienso y con bendiciones de las censuras. Treinta hermanas de la orden del oráculo o más nos sentamos formando un círculo, hasta que la habitación está abarrotada. No atenderemos ningún tema, a menos que todas tengamos tiempo para investigarlo. Se discutirán varios resultados, y se encargará específicamente a algunas hermanas que presenten los escenarios menos populares o probables. No se permite permanecer en silencio. Todas las voces deben ser escuchadas. Llegar a tomar una decisión puede llevar tiempo, y para entonces todas estamos bien instruidas en las múltiples consecuencias y puede que tengamos consejos extensos para todas las contingencias. Cuando se escribe una opinión, puede ser tan breve como una oración o extenderse veinte páginas. Y aun así, una última hermana debe aprobarla: el mismísimo Gran oráculo”.

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