Elmira, Elmira, ven a casa, por favor, Elmira.
Se fue un día para trabajar la arcilla, pero nunca volvió por esta orilla.
Dicen que una veta de plata encontró, la más grande que el imperio soñó.
Muy profunda, incluso para la minería y aun así buscando la luz del día.
¡Elmira, Elmira, ven a casa, por favor, Elmira!
Ella sigue allí y allí seguirá, y seguirá siendo mi dulce Elmira.
Elmira, Elmira, ven a casa, por favor, Elmira.
Está atrapada en lo más profundo, sin comer ni dormir ya en este mundo.
Dicen que a veces me llama con pasión o que ya debió perder del todo la razón.
Dando vueltas sin sentir, buscando la forma de salir.
Elmira, Elmira, ven a casa, por favor, Elmira.
Ella sigue allí y allí seguirá, y seguirá siendo mi dulce Elmira.