Anoche guardé cerca el amuleto de rata al intentar dormir, con la esperanza de que mis sueños me trajeran algo más que oscuridad; y durante un momento ella estuvo conmigo en medio del frío. Deirdre. El mismo rostro dulce que conocí. Me tocó la mano derecha, que se agitó como si se estuviera muriendo, como si no pudiera controlarla. Quería esconderla de su mirada. No tenía por qué ver en lo que me había convertido, pero sus ojos eran oscuros y no dejaba de mirar.
Entonces me tocó la otra mano, la de carne y hueso, y me besó las yemas de los dedos como solía hacer. Podría haberme echado a llorar de lo real que parecía. Se acercó y me susurró algo al oído. Sentí su aliento en el cuello; la fría palma de su mano en la mejilla. Pero no consigo recordar lo que dijo. Era como intentar oír el susurro de una voz a través del agua.
Por la sangre del Forastero, daría cualquier cosa por saber lo que dijo.
Volveré a perderlo todo. Puedo sentirlo.