Deirdre en mis sueños

Death of the Outsider

Anoche me quedé dormida sosteniendo el amuleto que me dio Deirdre. La recuerdo metiendo la mano en el bolsillo de algún rico en busca de dinero o de un reloj, pero en su lugar sacó esta cosa, muerta y zumbando. Lo ató a una trenza de su cabello y me lo regaló para que me diera suerte; pero no fue la suerte lo que hizo que las ratas empezaran a hablar. Fue solo tras la muerte de Deirdre que el amuleto empezó a susurrarme con la dulce voz de ella.

La soñaba a retazos. El pelo rojo asomando de su gorro de panadero, y esos ojos vivos. Las manos más rápidas de Dunwall. Yacíamos juntas, y la sensación de las yemas de sus dedos por mi piel era lo único que existía en el mundo. Cerraba los ojos y nada más importaba. Pero en el sueño, me miraba como si llevara tanto tiempo sola que ya no podía reconocerme. Intenté tocarla y mi brazo había desaparecido, y apenas podía verla a través de la sangre y el dolor. Tan lejos y faltándome la mitad. Esta vez, lo que me dolía era una herida más antigua.

Cuando me desperté, volvía a estar sola. No sé qué es lo que me esperaba. Llevo semanas sola en este barco. Aquí no hay nadie más que yo y las ratas que roen los cables de la sala de máquinas, y luego me lo cuentan riéndose.

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