Una paciente llegó, ya entrada la noche, quejándose de tener “arenilla” en los ojos. La buena doctora estaba descansando, ¡por fin! Así que me encargué yo del caso.
Después de observarla con cuidado, determiné que la causa era el polvo de plata de las minas. Para hacer que le lloraran los ojos, combiné glicerina y aceite de pimienta, que planeaba seguir de inmediato con un aclarado. Sin embargo, la sensación de ardor era muy marcada, por lo visto, y la paciente estaba demasiado alterada como para dejarme que siguiera atendiéndola. No obstante, el flujo de lágrimas era suficiente, y apostaría a que por la mañana se le habían limpiado los ojos.
¡Afirmo que mi idea de purgar los ojos de arenilla fue un éxito! Podría vender la fórmula, justo lo que hace falta para desterrar el polvo y los residuos de los ojos. La fórmula de Vasco para ojos y oídos; así la llamaría. Rápida y eficaz.
Con el permiso de la doctora Alexandria Hypatia, claro está. Ella sabe más.