Diario de Vera Moray

Dishonored 2

Duodécimo día del mes del gran frío de 1810
Mi médico dice que debería llevar un diario, que me hará bien reflexionar sobre mi conducta y acciones. Afirma que la marca de mi mano es solo un tatuaje o una mancha de nacimiento, y que el chico de ojos negros solo está en mi cabeza. ¡Bah! Bola de necios. Encontré dónde guarda el whisky el administrador y me llevé una botella a mi habitación; así de fácil. Creo que podría meterme una ballena bajo la chamarra y ponerme a bailar la gavota y no se darían ni cuenta. ¿Qué diría el médico de eso? ¿O mi aburrido marido? “Vaya, Vera, ¡¿qué hiciste ahora?! Bla, bla. ¡Las apariencias!”.

Decimosexto día del mes de la hoguera de 1810
Tengo que regresar a casa junto a mi colección de huesos tallados, cosas preciosas traídas de Pandyssia. Qué cálidas las siento en las manos; contienen poder. Algo que podría aprender a controlar. Por eso estuve intentando volver a ser una “dama” como es debido, con uñas limpias y pañuelo perfumado. Mi médico dice que si sigo comportándome así para finales del mes de la hoguera, ¡quizás me manden a casa! Así que sonrío y hago reverencias. Y por las tardes pido té, me cepillo el pelo y me tomo la medicina. Y dejé de intentar morder a los celadores.

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