Decimotercer día
Me sorprendió mucho que el profesor Lignon me diera un regalo. Últimamente, nuestra amarga rivalidad ha sido de lo más enojosa. Quizás también lo haya enojado, y esa es la razón de esta pequeña ofrenda de paz. Sin embargo, para ser un regalo, no parece suficiente: un pedazo de hueso con rayas. Aunque supongo que dada su área de especialización, creerá que es apropiado. Así que, por ahora, retiraré mis quejas a la dirección.
Decimoquinto día
Me fascina por completo el huesito que me entregó Lignon. Ahora aprecio que esas marcas son letras de algún tipo. ¡Y bastante exquisitas, la verdad! He notado que emana algo de calor, y me intriga. Pero anochece y hace frío, así que continuaré mañana con mis observaciones.
Vigésimo día
Cancelé las clases por hoy, ya que me destemplé por completo. ¡Cómo tiemblo! Mi único consuelo es el regalo de Lignon. Cuando lo sostengo entre las manos, siento el calor que emite.
Mañana iré al Instituto Addermire y quizás pase ahí una semana. Si la salud me lo permite, pretendo escribir a Lignon para expresarle mi gratitud.
Vigesimoctavo día
Por supuesto, los médicos carecen de respuestas. Necios. ¡No me tomaré sus asquerosas medicinas! Mi pequeño amuleto me protegerá de este condenado frío. Incluso ahora mismo intenta calentarme. ¡Si casi está demasiado caliente como para sostenerlo! Nombraron director a Lignon. Tengo que escribirle para felicitarlo, ¡lo haré en cuanto mis dedos entren en calor!