El chico solitario de las ratas y otros cuentos [2]

Death of the Outsider

Había caminado durante horas, cojeando inseguro, mientras cruzaba la ciudad y evitaba a aquellos que rondaban por las calles de noche. Había ido a parar a una parte de Dunwall que desconocía. Su ratita se acurruca alrededor de su cuello, era el único punto cálido en medio de aquel frío.

Un sonido agradable lo llamó desde un callejón. Dudó, pero decidió seguirlo. Las paredes estaban lustrosas y resbaladizas debido al agua de la lluvia, el sonido de la cual rebotaba en las piedras como una garganta resonante. Al final del sendero se levantaba una construcción deforme, hecha con madera y alambre. Un pedazo de hueso tallado y pulido canturreaba en su interior.

El chico oyó una voz como las olas, fría y eterna. Una sombra se levantó, una oscuridad radiante que desafiaba la vista. Era un joven que vagabundeaba por lugares solitarios. Se trataba del mismísimo Forastero. Cuando el chico sintió una comezón en la carne de la mano izquierda y esta empezó a humear, no apartó la mirada. La visión desapareció, pero la marca del Forastero perduró.

Aquella noche, el chico subió al más alto de los tejados puntiagudos de Dunwall y contempló la ciudad. Las torres y los aleros ondulaban cuando pasaba la mirada por ellos, como un océano grande y cambiante. Vio todas las vidas que pululaban a sus pies, y no tuvo miedo.

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