El chico solitario de las ratas y otros cuentos [3]

Death of the Outsider

Nunca había aprendido lo que era el amor, solo el miedo. El amor era como un fantasma, la caricia de una suave mano contra su mejilla, que había perdido la calidez hacía mucho. Pero las heridas se le volvían a abrir cada día. No tenía a nadie, salvo a la rata blanca, que había permanecido con él incluso cuando el mundo lo había abandonado.

Veía a todos los que le habían hecho daño. El chico apretó los puños; clavándose las uñas en la palma de la mano. La marca del Forastero le quemó la piel mientras invocaba su magia.

Del caos del humo negro emergieron ratas, retorciéndose y dando chillidos en un frenesí conjurado. Centenares de ojos, decenas de hocicos e innumerables hileras de dientes... era como si hubieran surgido arrastrándose de las tinieblas del propio corazón del chico.

Lo que antes estaba apagado en aquel momento estalló en colores. Brotó la sangre, y pronto las vísceras azules y moradas, la grasa amarillenta. El blanco puro de los huesos mientras las alimañas roían a sus víctimas. Los gritos dieron paso a gorgoteos de súplica y luego al silencio.

Quienes lo habían atormentado estaban desparramados sobre el sucio empedrado. Dos ratas empezaron a pelearse por un pedazo de carne ensangrentada. El chico tendió la mano para acariciar a una, pero la criatura se volvió y le hincó sus mandíbulas burlonas en la mano.

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