[Pasaje de una novela de poca monta]
Capítulo 3
Daud miró fijamente la hoja. El plan se había cumplido a la perfección, incluso mejor de lo que podía haber esperado. De hecho, todo había sido demasiado fácil. Pero ahora que el asunto había terminado, se sentía vacío, y nada en el mundo podría volver a llenarlo. La certeza con la que lo sabía lo asustaba.
Billie lo llamó desde la habitación contigua. “¿Jefe?”
“Déjame”, y cerró la puerta de un codazo antes de que ella pudiera agregar algo más. Confiaba en ella más que en ninguno de los otros, pero no tenía ganas de hablar.
Al limpiar la sangre de la hoja, examinó las marcas que dejaba en la tela. Era sangre real, pero tenía el mismo aspecto que toda la que había visto antes. ¿No se suponía que los nobles y poderosos tenían algo diferente? ¿Algo mejor?
Daud estaba cansado. No había sangre suficiente para cambiar lo que sentía. Por regla general, no bebía; y el sexo nunca le había interesado. Sentía un agotamiento que no se podía aliviar. Esbozó una sonrisa. El puñal de Dunwall, exhausto. Y algo más, ¿qué era exactamente lo que sentía?
Había contemplado los ojos de Jessamine Kaldwin en el momento en que la vida los abandonaba. Y fue entonces cuando un pensamiento le vino a la cabeza: había cometido un error, lo habían engañado. Esa clase de pensamientos era inútil. Ella seguía muerta, tanto si él lo lamentaba como si no. Pero había visto su verdadero rostro reflejado en sus ojos; se había contemplado a sí mismo como era realmente. No un asesino famoso ni una gran figura que diera forma a la historia, tan solo otra pieza en un juego desconocido.