[Pasaje de un libro sobre la difunta emperatriz]
Quizás en retrospectiva otros historiadores apreciarán lo fácil que fue para nosotros caer en las trampas tendidas por los conspiradores que llevaron a cabo el asesinato de la emperatriz Jessamine Kaldwin. Al permitirles escribir la historia, durante años se pensó que el fiel protector de la emperatriz, Corvo Attano, también era su asesino. Un concepto que ahora sabemos que es profundamente falso. Incluso después de la eliminación, el destierro o el encarcelamiento de los embaucadores, “todo el mundo sabía” que el protector real también era el asesino de Jessamine.
Qué bien dispusieron la historia para nosotros y de qué buena gana devoramos sus cuentos, hambrientos de cada pedazo perfectamente cocinado. Pero ya hace mucho que llegó la hora de dejar a un lado este plato de mentiras. No había que confiar el imperio ni la vida de Jessamine a los embaucadores, ¡así que ciertamente no les confiaremos la tarea de escribir la historia con precisión!