[Pasaje de Especulaciones sobre el abismo, de Honoria Cassello]
Si todos los espíritus se desvanecen en el Vacío tras el fallecimiento, entonces, ¿por qué los “errantes” de los cuentos y leyendas populares siempre tienen un aspecto infeliz? ¿Dónde están los espíritus tranquilos y benevolentes? ¿No se demoran en el Vacío como sus contrapartidas más oscuras? Creo que no.
Aquellos que llevaron vidas virtuosas reciben el regalo del olvido al morir. Se disuelven en el Vacío como la niebla, librándose de las inquietantes cadenas de la identidad mortal para unirse a los materiales fundamentales. Sin embargo, los espíritus malvados se ganan un destino cruel. Su castigo consiste en vagar por el Vacío durante toda la eternidad, incapaces de regresar a este mundo y contactar con sus seres queridos. Solo conservan memoria suficiente para sufrir. Imaginemos su dolor al ir a la deriva por extensiones vacías, solos durante siglos. Sin sensaciones ni consuelo ni redención. Un espíritu sin ataduras, sofocándose de remordimientos en el mar de la nada, para siempre.