Hasta ahora no había dormido durante las noches que había pasado en esta montaña, pero ayer soñé con el Forastero. Sabía que tarde o temprano lo haría.

Estaba atrapado en el Vacío, con los ojos muy cerrados, como si soñara con algo igual de terrible. No lo dudé. Puse mi mano buena en su mejilla y le clavé profundamente el puñal en el pecho. Me apoyé sobre él con todo mi peso mientras se clavaba con un estremecimiento y la sangre brotaba sobre mis dedos. Entonces abrió los ojos. Le vi cara a cara, solo por un momento.

Luego cayó temblando en la oscuridad y todo lo que pude ver era a Deirdre, retorciéndose en la alcantarilla como el día en que murió. Me tuve que obligar a despertar, para poder dejar de mirarla.

Sé que el puñal se vuelve parte de mí cuando no puedo verlo. Lo siento en el pecho, en la garganta. Podría odiar al Forastero por lo que me hizo. Tergiversar los pocos recuerdos que me importan, mostrarme horrores que no quiero presenciar, dejándome hecha pedazos, rodeada de tinieblas. ¿Le podré poner fin a su vida por eso?

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