El donante estaba nervioso cuando encendí la máquina. Nota: hay que aumentar el tiempo de sedación.
Primeras señales de problemas: balbuceo y embotamiento. Le pregunté qué veía, pero la máquina del audiógrafo no recogió sus respuestas. Debería contratar a un ayudante; yo no puedo hacer preguntas, vigilar la bomba de sangre y tomar notas a la vez.
En un momento dado, empezó a repetir mi nombre, “Jacobi, Jacobi...”. ¿Suplicaba por su vida o tenía una visión de mí? Por desgracia, nunca lo sabré.
Recuerdo que mencionó a una tal “Teresia”, algo de unas ballenas y una choza en la montaña.