Sermón para la noche del mes de la hoguera
Piadosos habitantes de Serkonos y honrados hermanos míos de la Abadía, sean bienvenidos.
En estos tiempos el Forastero nos pone a prueba. A diario busca la debilidad y el miedo. ¿Y qué forma tiene esta prueba?
Las moscas de la sangre. Alimañas que muerden, ¡y que son la verdadera representación de nuestra decadencia moral o nuestro espíritu corrupto! Secuaces del Forastero que escaparon del Vacío. Y mientras tanto, él ríe. Cada plaga lo lleva al éxtasis. Cada muerte es una victoria para él, una batalla ganada en su guerra eterna contra nuestra resolución.
Pero necesita un aliado en nuestro mundo. ¿Y dónde encuentra estos traidores el Forastero? ¡En los lugares más oprimidos! En edificios que se desmoronan, en apestosos burdeles y en los callejones sucios en los que los pescaderos arrojan las vísceras de sus mercancías. En las cloacas en las que los indigentes recogen las baratijas que cayeron entre desechos humanos putrefactos. Y en las cervecerías. ¡No se fíen de esos lugares oscuros ni de sus moradores! Llevan la marca del Forastero.
Contemplemos las censuras y escuchemos el himno, “Con la corrupción pisándome los talones, me alejo apresuradamente”.