Después del patético asalto de la Abadía, quiero que corten la energía de la sala de seguridad, y que clausuren este desvencijado y viejo artilugio. No quiero más suplicantes de la ciudad que asciendan para pedir mi gracia.
Vengan ante mi trono solo si están desesperados, y ay de aquel que no pertenezca a mi aquelarre y me moleste mientras pinto.
Probablemente los decanos eran nuestros últimos enemigos, y ahora los hemos derrotado. Espero que puedan encargarse si se acerca algún otro.
— Su emperatriz, Delilah Kaldwin