Agatha:
Es probable que puedas adivinar la razón de mi carta.
Murió anoche. Parecía estar un poco mejor y tomó algo de caldo. El pequeño Al incluso le hizo reír un poco, pero la risa se convirtió en una tos que le duró durante cerca de una hora. Luego se detuvo de repente, como si ya no tuviera fuerzas para toser más. Entonces escupió una sustancia negra y también le salió un poco por la nariz. Intenté que la expulsara toda tosiendo; le hice ponerse de lado, le di palmadas en la espalda y le puse cebollas cocidas en el pecho.
Pero no sirvió de nada y murió así, con los ojos saltándosele y esa cosa negra por todas partes.
Me llevo a los niños de regreso a Redmoor. Nunca debimos haber venido a este lugar.
Jillian