Nuestros filósofos naturales, por Kenneth Obenshaw

Dishonored 2

“¡Siempre hay una cura! La cuestión es: ¿qué estás dispuesto a sacrificar para obtenerla?”

Cuando Anton Sokolov pronunció esas palabras, Gristol se enfrentaba a la peor plaga del siglo. Los hospitales se veían sobrepasados y cundía el pánico entre los ciudadanos. Al final se descubrió una cura, gracias al trabajo de Sokolov y Piero Joplin. ¡Pero esa cura supuso un precio terrible!

En su búsqueda de un remedio, Sokolov necesitaba individuos infectados a los que reunieron y proporcionaron sueros experimentales, de forma que se pudieran observar sus reacciones. La peste ya era lo suficientemente horrible, ¡pero esos sueros produjeron sus propios síntomas nefastos! En un paciente, la sangre se volvió como si fuera de piedra. En otro, los huesos se disolvían bajo la piel. Se dice que los gritos terribles bastaban para hacer enloquecer a una persona cuerda. Aun así, se realizaron avances, según Sokolov.

¡Lamentablemente, no bastaba con hacer pruebas con los enfermos! Por razones que quizás solo un filósofo natural podría entender, también era esencial administrar dichos sueros a individuos sanos. ¡Ciudadanos presos por crímenes menores vieron cómo los encerraban en celdas y les inyectaban los sueros experimentales de Sokolov! La mayoría de estas personas que antes estaban sanas perecieron, por supuesto. Oficialmente, todas eran “víctimas de la peste”, sacrificadas para encontrar una cura y enterradas en fosas comunes.

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