En el Silver Spike, entre nuestras muchas ofensas a los interminables decretos del duque, se puede añadir otra... Entre los amigos de este querido editor se encuentran varios ciudadanos bien informados en asuntos ocultistas. Así pues, puedo compartir lo siguiente: ¡no es probable que se olviden del Forastero, aquí en la capital del sur!
Muchos de los santuarios construidos están desordenados, como si los hubieran visitado recientemente. Por lo visto, esa figura mítica camina entre nosotros, reuniendo ofrendas. Algunos dejan piezas de hueso talladas con runas por los rincones abandonados de Karnaca; y otros, interesados en tales asuntos, informan de que, una noche después, ¡esas piezas han desaparecido!
Hay que confiar en los sentidos. ¿Es que no se puede saborear en los cangrejos pasados y empalagosos que se cuecen para la cena? ¿Podemos oír su voz en el zumbido de las alas de las moscas de la sangre? ¿Qué otra cosa podría explicar nuestra grave situación actual en Karnaca? Asesinatos en las calles y pelotones de fusilamiento en respuesta, ¡qué tiempos!
Ojalá me crean cuando digo que me tiemblan los dedos mientras garabateo estas verdades, pero estoy dispuesto a continuar en provecho de nuestros lectores. ¡Que no los vean leyendo este ejemplar del Silver Spike, quémenlo en cuanto lo terminen y devoren el papel si ven acercarse a un decano!