Esto de dormir en casas abandonadas y compartir cama con ratas y piojos me trae malos recuerdos, eso seguro. Ahora guardo cerca el amuleto de rata cuando intento descansar. Lo sostengo en la mano buena. Pero solo vino una vez, solo anoche.
Me sonrió con esa sonrisa provocadora que le arrugaba la nariz, esa sonrisa que siempre me indicaba que tenía un secreto que compartir. Al inclinarse para volver a susurrarme al oído, aguanté la respiración para escucharla. Y esta vez la entendí, dulce y clara.
Pronunció mi nombre, “Billie Lurk”, suave en su lengua como siempre. Mi antiguo yo. Mi nuevo yo, también.
Me desperté de golpe, toda dolorida y aferrando contra mi pecho su amuleto de hueso y cabello. No sé qué podría significar todo aquello, no sé qué quiere de mí. Lo que sí sé es que en el Vacío solo encontraré más secretos.