[Pasaje de un diario de un conocido hereje, confiscado antes de su ejecución]
Para la mayoría, el Forastero no es más que un cuento de niños pensado para meter miedo a todo lo ajeno a la familia, a la comunidad.
De joven, mi madre y yo fuimos fugitivos, huíamos de un pueblo pesquero o aldea a otro. Acampábamos en los bosques durante semanas, con los malditos decanos siempre pisándonos los talones.
De noche, me contaba sus sueños. Me hablaba del vacío lugar desde donde el Forastero le susurraba. Con cada visita, sus conocimientos aumentaban, hasta que llegó a poder ver a través de los ojos de polillas, y a abrir puertas y ventanas desde el exterior de las casas.
Encontraré un modo de obtener la llave que permite acceder al Vacío. Con el tiempo, aprenderé el secreto y él acudirá a mí, como acudió a ella.
Llámenme hereje por mis estudios. Arrástrenme a su fría celda de piedra, azoten mi piel y júzguenme por apóstata. Reduzcan mi cuerpo a cenizas.
Pero no dejaré de buscar el lugar al que se refería mi madre. Es lo que le da sentido a mi vida.