Querido Emilio:
Sé lo que vas a decir, pero estoy muerto por dentro, así que tengo que intentarlo de todas formas. Busqué a la vieja bruja y dijo que no era demasiado tarde para engañar a la muerte. Le di todas mis monedas a cambio de un hechizo que trajera de vuelta a mi pobre Lizbet, que estaba feliz como una niña un momento, ¡y muerta y fría al siguiente!
Aquí escribo el terrible hechizo que me dio la mujer. Solo por el bien de Lizbet me atrevo a intentarlo.
“Cuatro dedos, dos frescos tuyos y dos fríos y rígidos de tu amada fallecida. Colocados en una olla de cobre con sangre de ballena macho, y las hierbas que te di. Cuécelo todo mientras pronuncias la palabra ‘invertir’, ¡hasta que no puedas volver a pronunciarla!”.
Emilio, si no vuelves a tener noticias mías, significa que ya no hay esperanza.
Silvio