Esto se va a pique
El Forastero, el puto Forastero en persona, en mi barco, como si me hubiera estado esperando. Ahora escribo esto con media mano y un ojo que nunca volverá a cerrarse. No puedo tocármelos sin estremecerme. Es como en los sueños.
¿Qué habrá visto él? Todo, si la Abadía está en lo cierto. Tiene que saber lo que Daud y yo planeamos. ¿Por qué me iba a cortar en pedazos, si no? Los Sin Ojos matan por migajas de magia, y ahora yo soy capaz de ver cómo este mundo se resquebraja como un espejo.
Yo no quería nada de esto.
(¿El Forastero siempre habla así? Críptico de mierda. No me extraña que Daud lo odie).
Muchos ojos
Daud acostumbraba a decir que todo en Dunwall forma parte de una gran maraña, que nada es una coincidencia. Bueno, pues esto también es cierto en Karnaca. Puede que los Sin Ojos parezcan un hatajo de matones que comercian con huesos ensangrentados y recetas infectas, pero el dinero les llega de una veta más rica.
He descubierto a dos de sus jefes. Shan Yun, el ruiseñor de Tyvia, e Ivan Jacobi, un administrador de la ciudad. Tienen el puñal que mató al Forastero, y lo esconden tras mentiras y puertas cerradas a cal y canto. Pero ahora tengo sus llaves, y en algún lugar del banco de Dolores Michaels hay una cerradura que hay que abrir. No permitiré que los Sin Ojos sigan ocultos.
Esta no soy yo
Allá donde este ojo muerto mira, veo sombras; y el brazo derecho me pica y se desdibuja como si empezara a moverse por su cuenta. Estas cosas no forman parte de mí, pero no puedo escapar de ellas. El Forastero me ha convertido en algo que no alcanzo a comprender.
En Dunwall, Daud me enseñó que no hay nadie inocente, y me dio los medios para juzgarlos. ¿Este Forastero espera que baje la vista para mirarlo, como hago con Karnaca, y sostenga su vida en esta mano rota? ¿Quiere verme poner esta ciudad patas arriba para dar con él?
Sé que está mirando. Bueno, pues le devolveré la mirada.