No sé qué más me hizo el Forastero, pero los sueños cambiaron el día que se llevó mi brazo y mi ojo. Para empezar, quizás fuera él quien me mandó esas pesadillas, no lo sé. Pero ahora son negros y resuenan con susurros en un idioma que no puedo comprender. Me despierto y miro fijamente mi brazo muerto, parte en este mundo y parte en el Vacío, con el eco de su sonido aún resonando.
Y eso al menos es mejor que las noches en las que no puedo dormir absolutamente nada. Toda sombra, incluso el más pequeño movimiento, toda respiración es captada por este ojo negro que me mantiene despierta. No puedo cerrarlo. Y este brazo, que miente con cada movimiento que realiza.
Estas cosas no forman parte de mí. ¿Formarán parte de él? ¿Quién querría ver a través de los ojos del Forastero?