Combinaciones
Combinación de la caja fuerte
Hay una caja fuerte en un apartamento de Central Rudshore. Su combinación es 428.
Hay una caja fuerte en un apartamento de Central Rudshore. Su combinación es 428.
Tras ser traicionado por Havelock, Martin y Pendleton, conseguiste salvarte en el último momento únicamente gracias a la intervención de Samuel, el barquero, que te dejó a la deriva en una zona en ruinas de Dunwall.
DaudTras ser traicionado y envenenado por Havelock, Martin y Pendleton, despiertas en las ruinas del barrio anegado, donde el asesino Daud te tiene bajo custodia. Recupera tu equipo, enfréntate a Daud y averigua cómo salir del barrio anegado.
DaudHas logrado escapar del barrio anegado y has emprendido el camino de vuelta a Hound Pits Pub.
Has regresado a Hound Pits Pub para recuperar el rastro de tus antiguos "aliados" y descubrir adónde se han llevado a Emily.
Escapa de tu encarcelamiento.
Busca un modo de llegar al territorio de Daud.
Regresa a Rudshore Waterfront y dirígete al territorio de Daud.
Infíltrate en la base y localiza a Daud.
Roba la llave de Daud.
Usa el túnel bajo la base de Daud.
Atraviesa la muralla de cuarentena y sal del barrio anegado.
Ve al barrio del puerto antiguo.
Busca una forma de llegar al pub por las cloacas.
Busca la llave maestra de las cloacas.
Consigue la llave maestra de las cloacas de doña andrajos.
(Opcional) Busca en la guarida de doña andrajos una forma de destruirla.
(Opcional) Localiza el camafeo de doña andrajos.
(Opcional) Destruye el camafeo de doña andrajos en el horno.
(Opcional) Derrota a doña andrajos por última vez.
Vuelve a la puerta de las cloacas.
Abre la puerta de las cloacas.
Desactiva el poste fulminante del patio trasero.
Mantén a salvo a Blake.
Dile a Blake que tiene vía libre.
Los tallboys y vigilantes atacarán a cualquier superviviente en el acto. Evita que sufran daño.
Vigila mientras los supervivientes se trasladan al refugio seguro.
(Opcional) Véngate de Daud, ojo por ojo.
(Opcional) (No letal) Envía un mensaje a Daud; róbale la bolsa de su cinto, pero déjalo ileso.
(Opcional) Haz frente a Daud y decide su destino.
(Opcional) Vuelve a la refinería Greaves, donde se quedó tu equipo.
(Opcional) Cuélate dentro de la refinería.
(Opcional) Recupera tu equipo.
Incapacita a Slackjaw.
Consigue la llave de doña andrajos.
Suelta a Slackjaw.
Pon a Slackjaw en la cuba.
Habla con doña andrajos.
Ve a por el regalo de doña andrajos.
Localiza el camafeo de doña andrajos.
Destruye el camafeo de doña andrajos en el horno.
Vence a doña andrajos una última vez.
Consigue la llave de los grilletes de doña andrajos.
Suelta a Slackjaw.
Habla con Slackjaw.
Tras ser traicionado y envenenado por el almirante Havelock, el Decano supremo Martin y lord Pendleton, despiertas en algún lugar de las ruinas del barrio anegado. El asesino Daud te tiene bajo custodia. Recupera tu equipo, enfréntate a Daud y averigua cómo salir del barrio anegado.
La base de Daud está protegida por sus asesinos (sería prudente que recuperaras tu equipo antes de intentar asaltarla o infiltrarte).
Un superviviente de la peste, llamado Blake, tiene un plan de huida, pero necesita ayuda.
La Guardia ha instalado focos para iluminar los edificios en torno a la puerta de Rudshore. Cuando se activen, los tallboys empezarán a dar caza a los supervivientes de la peste y abandonarán sus patrullas.
Hay un túnel bajo la base de Daud que lleva hasta la puerta de Rudshore. El acceso está cerrado y Daud siempre lleva la llave encima.
La refinería dispone de maquinaria para rellenar bidones de aceite de ballena.
El carro de la peste regresa al barrio anegado cada pocos minutos a depositar más cuerpos. Mientras está parado, debería ser posible saltar a él desde los tejados y salir por la puerta de Rudshore subido en él.
Los tejados llevan hasta un punto bajo el que pasa el vagón de la peste.
Para crear un lugar seguro para los supervivientes de la peste, es necesario apagar el poste fulminante del patio que hay tras los edificios donde se esconden. Blake ha comentado que los pisos superiores ofrecen una buena vista del patio.
Para llegar a la base de Daud hay que pasar por la estación de ferrocarril de Central Rudshore. La puerta de la estación se mantiene cerrada.
La estación de ferrocarril está cerrada. La llave podría estar en algún edificio cercano. También podría tenerla alguno de los hombres de Daud.
Un vehículo ferroviario perdido contiene los planos de una potente mejora armamentística.
La puerta de Rudshore está protegida por un arco voltaico. Incluso el carro de la peste debe atravesar su campo eléctrico.
La única forma de llegar al nivel superior de la refinería parece ser una escalera mecánica. Si se restablece la corriente, se puede bajar mediante el interruptor del panel de control.
La base de Daud estará protegida por sus asesinos (sería prudente que recuperaras tu equipo antes de intentar asaltarla o infiltrarte).
Atraviesa las calles inundadas para volver a la refinería Greaves (donde se quedó tu equipo). Tendrás que tener cuidado con los afligidos por tierra, con los moluscos de río y las lampreas por el agua y con los centinelas asesinos por los tejados.
Tratamiento químico que puede aplicarse tanto a tejidos como a cuero. Permite a Piero mejorar tu armadura y tu ropa.
Reduce el daño sufrido.
Sustancia que aumenta la flexibilidad y la dureza de materiales vulcanizados. Permite a Piero reducir el sonido producido por tus botas.
Se reduce el ruido de los pasos.
Desbloquea:
Botas sigilosas 2
Sustancia pirotécnica que se inflama y produce brevemente una luz intensa. Permite a Piero mejorar los virotes de tu ballesta.
Virote pesado que inmola al enemigo.
Proceso químico que puede usarse para escalonar los ritmos de combustión. Permite a Piero mejorar la munición de tu revólver.
Explota al impactar.
Permite que tu revólver utilice munición explosiva.
Diseño de carcasa cubierta de pinchos que permite a las granadas incrustarse en la mayoría de las superficies. Permite a Piero mejorar tus granadas.
Desbloquea el uso de granadas que se pegan a los objetivos.
Te permite ampliar tu vista. PulsaHacer zoompara enfocar con el zoom.
Las anotaciones contienen información útil. En general, los libros proporcionan datos sobre el mundo de juego.
El "barrio anegado" fue en otro tiempo el próspero barrio financiero Rudshore.
Bloquear durante un duelo con espada te permite protegerte y puede desequilibrar al enemigo.
Los moluscos de río contienen valiosas perlas en su interior.
Consulta tu diario para ver el objetivo actual.
Se puede obtener información útil al escuchar conversaciones ajenas.
Si la mejoras, tu máscara amplifica el sonido cuando enfocas un objetivo con el zoom.
Usa el sigilo para pasar inadvertido para el enemigo o acercarte a él sin que te descubra.
Las anotaciones se guardan en tu diario.
Acaba con todo enemigo que se interponga en tu camino o adopta un enfoque más sigiloso.
Las ratas no atacan a los afligidos a causa de su avanzado estado de infección.
A veces se pueden recuperar los virotes de ballesta de los cadáveres.
Bloquea y contraataca mientras tu enemigo está desequilibrado.
Equípate con el Corazón para descubrir la ubicación de runas y talismanes de hueso cercanos.
Si detienes el tiempo con Ralentí de nivel 2, puedes ponerle una espiral cortante a un enemigo entre una multitud. Cuando el tiempo vuelva a correr, la espiral cortante se disparará.
Los tallboys llevan depósitos vulnerables de aceite de ballena en la espalda.
Las armas a distancia infligen más daño si alcanzas al enemigo en la cabeza.
Si se realiza en el momento justo, bloquear un ataque con espada desequilibrará a tu atacante.
Ataca a un enemigo desequilibrado para asestarle un golpe mortal.
Reúne talismanes de hueso y elige cuáles quieres tener activos a través del diario.
El remedio de Piero y el elixir de Sokolov son pócimas rivales contra la peste.
Dirige el Corazón y aprovéchalo para descubrir secretos sobre personas o lugares.
Busca otras formas de deshacerte de tus objetivos de asesinato clave.
Las sombras conceden una bonificación a esconderse únicamente a distancia.
Puedes colocar espirales cortantes en cualquier superficie, incluso en criaturas vivas.
Posesión te permite escapar del combate, al poseer a un enemigo y "esconderte" en su interior.
Los llaman afligidos. Pueden consumirse así durante muchas semanas.
¡Oye sus terribles gemidos! La enfermedad es dolorosa y desfigura.
Compadécete de los afligidos. Pero te lo aviso, compadécelos a distancia.
No puedes ayudarla. Ni los mejores elixires de Dunwall pueden ya ayudarla.
Esta afligida se contagió por cuidar de sus hijos enfermos.
Pretende propagar la peste entre los demás, si le dan la oportunidad.
Pronto, esta afligida estará demasiado mal para comer o beber. No sufrirá mucho más.
No logra recordar su antigua vida. Tan solo le queda ya esta.
Aún le queda cierta consciencia... y fuerza. No la provoques.
El decano le dijo que se había contagiado de la peste por sus propias fechorías.
Compró los mejores elixires. Es posible que no los tomara a tiempo.
La protegieron durante un tiempo pero, cuando le empezaron a sangrar los ojos, la echaron. La llamaron afligida.
Cuando Daud ordena, ellos obedecen.
Qué fuerza. Ojalá pudiera utilizarse para algo más que para la muerte.
Hombres de Daud. Secretos bien guardados, ni yo puedo ver la verdad.
Están enfermos de traición. Desde dentro... y desde fuera.
Ha tomado una vida... aunque no sé nada más con certeza.
Un misterio impulsa sus pasos.
Son asesinos, al menos eso sí lo sé.
Son como títeres; no actúan por voluntad propia.
Es leal a Daud, sí, pero hay algo más. Algo... no, no alcanzo a vislumbrarlo.
Un asesino de Daud. Están en todas partes y en ninguna.
Hay algo especial sobre este. ¿Un recuerdo? ¿De antes?
Muerte. No capto más que muerte de este.
Es como si estuviera envuelto por un manto que no consigo atravesar.
Siento algo, pero es muy lejano, como un recuerdo.
Es igual con todos los hombres de Daud. Están rodeados de una niebla.
Una bruma los rodea, no puedo ver a través de ella.
¿Por qué me has traído aquí? ¿Acaso debo perdonar a este hombre por lo que hizo?
¡No! ¡No hay vuelta atrás en el camino que ha escogido!
Asesino a sueldo. Daud. Lo último que sintió la... emperatriz fue su filo.
Sus manos se dedican a la violencia, pero él sueña con otras cosas.
En el colegio, los demás niños se maravillaban ante la rapidez de sus manos. Un día, un hombre vino a por el joven Daud y se lo llevó.
Por donde pasan los decanos, la gente tiembla y los hermanos se acusan entre sí.
Son expertos en arrancar confesiones, incluso de los inocentes.
No descansan nunca, su sombría labor está motivada por su devoción a la abadía.
Este animal resultó herido cuando se topó con un nido de ratas. Tal vez no se recupere.
Si los decanos te visitan, conoce tus censuras, de principio a fin.
Algunos decanos duermen con los sabuesos en las perreras. Otros dejan que los animales duerman con ellos.
Decanos. Qué empeño ponen en su labor para acabar con la influencia del Forastero, a quien odian más de lo que aman a hombres y mujeres.
Proceden de la Abadía de quídam. Dan caza a los herejes.
Pobre del que sea declarado culpable de brujería.
A pocos decanos les hace gracia tener que unirse a los hombres de la Guardia del lord Regente.
Culpan a la peste de las fechorías de la gente. ¡Buscan cualquier indicio de maldad!
Los decanos usan muchos misterios para descubrir a los que llaman herejes.
Incluso ahora susurra la plegaria contra la brujería. ¿Puedes oírla?
Se castiga muy duramente si no consigue arrancar al menos una confesión cada mes.
Le trae sin cuidado que los que mata sean herejes o inocentes.
Lo obligaron a mirar mientras torturaban a sus padres por adorar al Forastero.
Se pregunta cuándo le permitirán regresar a la abadía.
Recita Las siete censuras, sin dejar de pensar en un buen filete de buey.
Le pidieron oficiar una boda. Últimamente escasean. Sirvió para animarlo.
Duda de su capacidad. Sigue padeciendo la maldición. Si acaso, las verrugas de la mujer parecían peores que nunca.
Tiene miedo a la influencia del Forastero.
Está confundido por acontecimientos recientes. No confía en nadie.
Está mal; sospecha que una bruja lo ha maldecido.
Los decanos son devotos hasta el fanatismo.
Se ha entregado por completo al Forastero.
Ella se sigue viendo elegantemente vestida de terciopelo, joven y guapa, camino de una velada romántica.
Cuidado. Se trae algo entre manos. No es tan frágil como parece.
Los niños rodean a veces a doña andrajos, mientras la siguen y se burlan.
Doña andrajos bailó en la corte. Los hombres suplicaban desposarla.
Violencia. Desesperación. Depravación.
Las últimas palabras que le dirigió su madre fueron: whisky, cariño.
Asesina por dinero.
Es un matón y un asesino. Responde ante un tipo llamado Slackjaw.
Un depredador. Parte de una banda.
Es de la banda de Bottle Street.
Un hombre de Slackjaw.
Un simple matón callejero a sueldo.
Su padre fue uno de los primeros en morir de peste.
Guisa ratas en un fuego alimentado con basura cuando no logra atracar a nadie.
Lo pagan con whisky y duerme en el suelo de la destilería.
Su madre aún recorre las calles de este barrio.
Cuidó de su hermano lo mejor que pudo, pero acabó muriendo de fibrosis pulmonar con seis años.
Pedigüeño hasta los 12, rebuscó entre la mugre hasta que pudo usar un cuchillo.
Da de comer a un perro callejero. Lo llama Billy.
Un brutal ladrón.
Son tan crueles como sus amos, pero con dientes mucho más afilados.
Pueden detectar tanto a temerosos, como a enfermos o heridos.
No sienten miedo. Su crianza lo ha eliminado.
Magníficas bestias. No sienten más que crueldad y hambre.
Gozan de un oído excelente.
Los molosos no son mascotas. Son una de las armas más mortíferas de los decanos.
Molosos. Enormes bestias.
Los decanos usan a sus sabuesos para detectar malhechores.
Este protegería a su amo.
Este moloso ha matado a muchos.
Hay una rima infantil: no llores ni digas ni mu, o la próxima víctima del sabueso serás tú.
De noche sueña con perseguir ratas.
A este le gusta morder.
Esta bestia es inteligente.
Este no es más que un cachorro. Aunque ya irá creciendo.
Este le ha cogido gusto a la sangre.
Cuando duda, que es a menudo, recurre al cuchillo.
Slackjaw. Criado por putas. Nunca sabrá que su padre fue un príncipe.
Trapichea con carne, armas y alcohol. Siempre lo han llamado Slackjaw.
Sus matones y él empezaron en Treavers Alley. Ahora su influencia se hace notar en toda la isla de Gristol.
Conoce las calles de Dunwall, sobre todo sus callejones oscuros, mejor que nadie.
¿Qué clase de líder usaría algo así contra su propio pueblo?
Cree que la máquina en la que se mueve lo hace invencible.
Saca buen provecho de su altura.
La mayoría de los guardas los llaman tallboys.
Aléjate de sus patas.
Se guarda sorpresas en la manga, no solo su altura.
Caminan por encima de la peste, de las ratas y de las calles inundadas.
En lo alto de semejante artilugio, hay un hombre.
La enfermedad ataca a la respiración, los ojos y los oídos. Y arrasa el cerebro.
Está muy enfermo, pero ten cuidado, aún le quedan fuerzas.
Los afligidos. Viven en continuo sufrimiento, hasta que la muerte les trae paz.
No hay nada que puedas hacer por él, pero mantén las distancias.
Los enfermos no solo propagan enfermedad, también pánico.
Los afligidos parecen indefensos; no lo están.
Quienquiera que fueran antes, ahora son víctimas de la enfermedad. Afligidos.
Se han contagiado de peste.
¿Era un noble o un plebeyo? Fuera lo que fuera, esa vida quedó atrás.
Vio a su mujer e hija morir de peste. Ahora también se lo llevará a él.
Allí no queda nada del hombre que solía ser.
Fue un arponero en un gran ballenero. Pero entonces empezó a enfermar.
Le suplicó que se fuera. Le rogó que no lo ayudara. Pero ahora ella también está enferma.
Le gustaba recoger animales callejeros. Pero eso era antes.
¡Míralo! Y aun así cree que esta enfermedad pasará y que pronto estará bien.
Espera que su mujer esté sufriendo en alguna parte, tanto como él.
Como descubran lo que ha hecho, será ejecutado.
Estos son los hijos de familias ricas y poderosas.
Disciplina, orgullo y valor. Una combinación peligrosa.
Actúan con rapidez y dureza. Y sin clemencia.
Ojo, los oficiales de la Guardia están muy bien preparados.
Se los ha visto burlarse de sus víctimas antes de atacar.
Es un oficial de la Guardia.
Seguirá sus órdenes hasta el final.
Mira con qué orgullo se comportan los oficiales.
Son todos leales al lord Regente.
Cuidado. Este no es un estúpido sargento de la Guardia.
Pocos los superan con la espada.
¡Lleva una pistola y la ha usado con niños!
Son los hombres de confianza del lord Regente.
Son todos elegidos por su gran habilidad.
La peste se llevó a toda su familia. Ya solo queda él.
Asesinó a un noble, luego inculpó a un amigo de la muerte.
La locura le viene de familia. Y él es el peor de todos.
Cuando su prima rechazó sus insinuaciones, envió a una patrulla a matarla de una paliza.
Sus ambiciones van más allá de la Guardia.
No ha perdido ni una lucha con espada.
Recibió una carta de su hermana. No podrá regresar a casa, la peste ha llegado allí.
Nadie menciona nunca a los niños desaparecidos. Está seguro de haberse salido con la suya.
Ha tosido sangre dos veces hoy. No se lo ha dicho a nadie.
Está preocupado. Hace cuatro días que no sabe nada de ella.
Lo que comió anoche no le está sentando nada bien al estómago.
Le faltan dos menciones para recibir otra medalla. Espera ganárselas hoy.
Visita a su padre en el asilo, aunque este ya no lo recuerda.
Cree que mantendrá a raya a la peste con ejercicio y disciplina.
Arrogante. Corrupto. Y sumamente leal al lord Regente.
La gente corriente, simple, egoísta. Pero puede ser amable.
Aguanta la bebida tan bien como un hombre.
El trabajo que hace cada día no tiene nada de corriente.
La ciudad está compuesta de personas como ella.
Esconde las manos, en carne viva y llenas de cicatrices de lavar.
Es una costurera en una tienda frecuentada por los ricos.
Lo único que quiere es tenderse en mitad de Framling Street y aguardar la muerte.
Pasa hambre para que sus hijos tengan comida.
Tiene un vestido, y lo lleva hecho jirones.
Ojalá tuviera una moneda por cada golpe que se ha dado en el pie.
Ahora su pequeño está enfermo.
Una mujer corriente. Teme a la abadía y a la peste.
La vio por primera vez con nueve años. Se le había quedado un pie pillado en la rueda.
Es sumamente rico y poderoso.
Un aristócrata trabaja para seguir siendo aristócrata.
Su familia controla una gran hacienda con muchos criados.
Conspira para quedarse toda la herencia para él.
Es de humilde cuna. Ha matado más de una vez para mantener el secreto.
Pronto se acabará el dinero. Y, entonces, las cosas no le irán nada bien.
Le gusta martirizar al servicio.
A lo mejor se pone la chaqueta azul mañana. La gris no resalta sus ojos.
Nunca sacan tanto brillo a sus ojos como le gustaría.
Antes, ella le importaba mucho.
Es rico y va bien vestido pero, bajo esas capas, todos los hombres son iguales.
Está cansado.
El hombre corriente es el que se mantiene más fiel a la abadía.
Algunos hombres aún consiguen trabajo en los muelles.
Todos son tan corrientes como sus sueños.
Espía a sus vecinos e informa de ellos a los decanos.
Siempre come muy bien, aunque su mujer e hijos adelgacen.
Roba a su socio en los negocios. Un poquito cada día.
No cuidó ese corte y ahora se está infectando.
Perdió cuanto tenía en la inundación.
Antes admiraba a los decanos. Ahora sin embargo los teme.
Hizo ese trabajo lo mejor que pudo. Aun así no quedaron satisfechos.
Únicamente tras un largo día de trabajo regresará a casa con su familia.
Algún día, este lugar devorará todas las luces del cielo.
Este es el lugar del que extraen su poder quienes juegan con la magia negra. Y este lugar es su ruina.
En este lugar el tiempo carece de sentido. Ni segundos ni siglos.
El que recorre esto es todas las cosas. Canciones de cuna de consuelo y huesos roídos.
Este lugar es el fin de todas las cosas. Y el principio.
Aquí traen los cuerpos. Con manos bastas. Manos bastas y jaulas. Algunos de ellos aún respiran. El agua está muy fría y es lo último que sienten.
Ni siquiera las terribles inundaciones bastaron para llevarse las penas de Dunwall.
Cuando cedió el malecón, muchas cosas extrañas quedaron ahogadas y olvidadas.
Estas aguas son codiciosas. Nunca devolverán lo que se han llevado.
Aquí masacraron a las profundas, aspirando el fuerte hedor de su carne encantada.
Eres como la gente del río. Extienden bien sus redes y sacan toda clase de cosas. Lo dulce, lo mortífero, lo venenoso, todo junto, en una misma red.
Kalista intentó protegerla, pero le arrancaron a la niña de los brazos. ¡Oh, las palabrotas que les soltó!
Emily se golpeó la cabeza entre la confusión. La arrastraron llorando hasta el barco que la esperaba. Gritó tu nombre.
Tu utilidad se agotó. Desean tener noticias de tu muerte.
Se marcharon con prisa. Se dispersaron como insectos, deseosos de recorrer el terreno que les allanaste.