Restringe la carne lasciva. Pues, sin duda, no hay forma más fácil de trastornar y agitar una vida que con los estragos de un deseo descontrolado. ¿De qué sirve la concurrencia con una prostituta? ¿La atención de una mujer de moral relajada? De nada. ¿Y cuál es el fruto de tales uniones? No producen más que pesar, no hacen más que aumentar el sufrimiento.