Querido hermano Algernon:
Sé que dijiste que dejara de escribir a la Abadía tan a menudo, ¡pero ha sucedido algo extraordinario! ¡He descubierto el propósito de mi vida! Siempre dijiste que si sometía mi mente errante y trabajaba con diligencia, mi camino quedaría claro. ¡Y así ha sido! ¡Hermano, ahora protejo a nuestras hermanas! Mi corazón tiembla por el honor de servirlas. Bendicen mis humildes ojos mientras recorren a paso ligero los pasillos del Conservatorio o cuando inclinan sus dones oraculares hacia el equipo profano que dejaron las herejes. Mi responsabilidad, la responsabilidad de la hermandad, es protegerlas mientras descifran lo que aconteció entre estas paredes ignorantes. Cuando la hermana Rosewyn asiente y me da las gracias, la más intensa satisfacción inunda todo mi ser. ¡Verdaderamente, he nacido para esta tarea! Quería que lo supieras.
Tuyo en la fe,
- Hermano Minton