Señor Weatherby:
Tendrá que contratar un nuevo ayudante para la tienda y no seré yo. “Si quieres el puesto, solo tienes que ir a recoger la llave de la tienda de mi antiguo ayudante”, me dijo. “Aquí está la dirección”, me indicó.
Bueno, señor, se le olvidó añadir que el tipo no se despidió, sino que murió en un edificio tan infectado de moscas de la sangre que la Guardia mayor lo declaró insalubre. ¿Cómo se supone que debe uno recuperar la llave?
Haría muchas cosas para conseguir un trabajo, señor Weatherby, pero suicidarme no es una de ellas. Sé que se lo pedirá a algún otro pobre diablo, más ingenuo o más desesperado que yo, pero deje que le diga una cosa: no está bien.
Carlito Molina