Durante años planeamos trabajos como el del banco. Vigilar casas desde tejados, robar llaves, sobornar sirvientes. Afilábamos las hojas mientras esperábamos el momento. Sabía que te enorgullecías de lo que podíamos hacer.
Nunca te hablé de mi época en Karnaca, de cómo llegué a Dunwall, de cómo me marcó el Forastero, convirtiéndome en el hombre que fui. Al mirar el agua por última vez, sé que nada de eso importa. Al morir, morirá quien creí ser. De mí solo quedarán tus recuerdos.
Fuiste la mejor de mis aprendices. Esperaba tu traición, porque con la vida que llevábamos, no tenías otra opción. Pero ahora vuelvo a contar contigo. Tienes lo necesario, descubrirás lo que hay que hacer. Es la hora, Billie. Mata al Forastero. Acaba con su terrible poder en este mundo. Por todo lo que hicimos y todo lo que nos hizo.
Podría haber muerto de cientos de formas sangrientas. Y al final, aquí estoy, en tu barco, bebiendo tu último buen whisky. No está tan mal. Gracias, Billie. Adiós.