Hola de nuevo, abandonado diario:
Sonrío mientras escribo esto, porque sé que otros lo leerán. Cuando haya partido hacia el Vacío o quizás mientras languidezco en la celda de una cárcel en alguna parte.
Pues nada, ¡a leer! Y a reíros, si es vuestra naturaleza, de mi necedad y de mis doloridas articulaciones. ¿Os complace saber que hasta andar es un esfuerzo? ¡Pero soy demasiado orgulloso para usar un bastón! Puedo oír cómo mis huesos protestan a cada paso, un rechinar de lo más desagradable que me acompaña dondequiera que voy.
¿Es divertido saber que mis ojos apenas pueden ver esta página? ¿O que me tiembla la mano al sostener la pluma?
¡Entonces reíd! Sí, Sokolov, que una vez fue grande, ahora es solo un viejo y gastado saco de huesos. Me traen las comidas. ¡Pronto alguien tendrá que sostenerme la cuchara o me moriré de hambre!
Pintar me resulta casi imposible, y no digamos orinar. ¡Así que reíd!
Pero luego cesad vuestra alegría y tomaos un momento para daros cuenta de una cosa: os espera el mismo destino, amigos, ¡si sois lo suficientemente listos y tenéis la suerte suficiente para vivir tanto como he vivido yo!