Diario de Paloma Attano

Dishonored 2

Vigésimo día del mes del viento de 1816

Esta mañana he vuelto a llorar y no consigo obligarme a comer.

No es que no me sienta orgullosa de mi Corvo. Siempre lo he estado, siempre he sabido que era especial; mucho más rápido y fuerte que los demás chicos. Tan serio. Sus ojos ya eran vivos incluso cuando apenas podía caminar. A veces creía estallar de orgullo.

Cuando se fue para participar en el Festival de espadas, sabía que lo ganaría, aunque fuera tan joven. Fingí preocuparme; me retorcía las manos, desviaba la mirada y aguantaba la respiración, pero estaba actuando. Sabía que ganaría.

Pero nunca pensé que lo mandarían lejos, que lo llevarían a Dunwall. Debería alegrarme por su nuevo puesto; debería presumir en lugar de llorar. Ay, me duele el pecho solo de pensarlo. Él no tenía elección, ¿verdad? Me lo han quitado, le han hecho emprender un nuevo camino. Mi pobre niño.

Primero, Beatrici, hace años. Mi errante hija, partiendo hacia quién sabe dónde, guiada solo por las estrellas. Y ahora mi Corvo, que se apresura hacia un clima desconocido.

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