Octavo día del mes de las canciones
Mi madre solía decir que quien sabe tallar amuletos nunca se morirá de hambre. Siempre se puede hacer dinero vendiendo deseos a la gente a la que el día a día no se los concede. Bueno, tengo hambre, y este trozo de hueso podrido no me ha ayudado a alejarme del camino de los decanos. No sé a quién habré cabreado, pero alguien debe haberles chivado mi nombre. Si esos cazadores de brujas me atrapan con el trozo de hueso de ballena tallado de mi madre, me darán una muerte lenta. Por el culo del Forastero, que me he metido en una buena.
Duodécimo día del mes de las canciones
Me las arreglé para colarle dos trozos de hueso inútiles a un marinero que apestaba a whisky. No podía distinguir la derecha de la izquierda ni un amuleto real de uno falso. El dinero debería bastarme al menos para esta semana. Los decanos aún van dos pasos por detrás de mí. Estoy perdiendo la razón por tener que mirar por encima del hombro todo el tiempo.
Vigesimosegundo día del mes de las canciones
Por fin encontré un lugar seguro. También pude llenarme el estómago. Ahora tengo hambre de otra cosa. El talismán de hueso vuelve a colgarme del cuello y me canta con dulzura, y tengo hueso de ballena húmedo en las manos. Este quedará bien tallado. No tan fuerte como otros, pero servirá. Pasé demasiado tiempo sin uno. Ahora lo quiero tanto como los huesos.