Voy y vengo. Pongo a Hypatia a dormir cuando se me antoja. Pero incluso cuando está despierta, la acompaño en secreto y veo por sus ojos. Está ciega, es una estúpida, no puede ver. Mi fría y seca hermana.
Reserva su amor para los sucios trabajadores que se asfixian en las minas. Para los niños de las chozas de la ciudad y sus breves y asquerosas vidas.
Y para Vasco, su fiel ayudante, que lleva meses desaparecido. ¿Dónde se ha metido, querida hermana? ¿Dónde se esconde?
Ansío despedazarlo, revolcarme en sus entrañas. Recorrer su cráneo resbaladizo y acercarme a su fémur carmesí. A su debido tiempo, Vasco.