Matices del Vacío, de A. Nongui

Death of the Outsider

Carecemos de lenguaje para expresar el Vacío en toda su complejidad. No tenemos palabras para su belleza. Está la rica y aterciopelada oscuridad de las profundidades del océano; los matices huecos del cielo de una noche sin estrellas; el frío color que se ve al cerrar los ojos ante la luz de la luna; los pigmentos veteados de un cardenal en la suave piel; el negro brillante en las esquinas de tu campo de visión cuando te desmayas de agotamiento; una unción desmenuzada de vieja sangre; tu propio rostro reflejado débilmente en un cristal oscuro.

Cuando llegué, ignoraba todas estas delicadas gradaciones, pero el Ojo del Dios Muerto ha penetrado mis sentidos y me ha abierto la mente. Lo que una vez fue un gris anodino ha revelado su brillo sutil.

En mi vida anterior, era pintor. Capturaba el sonrojo de la mejilla de una joven debutante o la bien formada pantorrilla de un noble. Me pagaban enormes sumas por reflejar los rostros aristocráticos más insípidos y sin vida como si fueran grandes ejemplos de esplendor viril. Pero nunca había visto nada comparable la gracia y el color del Vacío.

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