Observamos las estrellas, de F. H. Clapp

Death of the Outsider

[Pasaje de una monografía sobre cartografía celestial]

Todos los niños conocen las constelaciones que hay sobre las islas. El Capitán al Timón, el Leviatán con Colmillos, la Duquesa Vanidosa, el Cabrito con Escamas, el Rey Polilla. Cuentos más viejos que el mismísimo Forastero, patrones que hace mucho tiempo los temerosos y los ignorantes leían para crear un significado a partir de la nada que los engullía.

El supuesto sentido del nacimiento de uno mismo en relación con estos signos constituye una historia de la gente humilde. Los nacidos bajo este o aquel conjunto de estrellas serán afortunados, u obedientes, o testarudos u orgullosos. Esto es, por supuesto, simple superstición. Pero lo que se puede leer en las estrellas tiene más sustancia que las fortunas de las masas sin importancia.

El cielo nocturno predijo la necesidad del Forastero, y urgió a los Imaginados a que buscaran al miserable que llegaría a convertirse en él. No es solo el movimiento de estas estrellas lejanas, sino también su apagarse en la nada lo que nos indica qué necesita el Vacío. Junto a las migraciones de las aves y las entrañas de algunos animales, la desaparición de varias luces celestes importantes instó a los antiguos Imaginados a tomar a un huérfano desvalido y crear al Forastero a partir de su desdichada carne.

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