Otra vez el sueño

Death of the Outsider

Era la Guardia mayor. Esta vez lo sé. Un combate que no supe resolver. Un paso en falso, un error. Un ojo cortado y el brazo diestro tirado en la calle. Avanzando tambaleante por Karnaca, ya ni la sombra de mí misma, mientras intento hacerme un torniquete con ayuda de los dientes. Tirando con todas mis fuerzas y sintiendo cómo cada latido es un poco más lento, un poco más débil.

Al despertar, tenía el brazo derecho entumecido hasta el codo y el ojo derecho me dolía tanto como la vez que Anton intentó preparar pimientos picantes en la plancha del fogón. Es como si la mente me engañara. Todas las mañanas me lleva un rato comprender qué es real.

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