Anoche me quedé trabajando en el estudio hasta tarde y terminé el cuadro de Emily.
Cuando Daud la secuestró, me asustó que pudiera saber lo que yo planeaba. Pero parece que lo sobrevaloré.
Se la entregó a los conspiradores. ¡Qué tonto! Cuando la joven Emily llegue al trono, ya estaré mirando a través de esos encantadores ojos marrones.