Se acabó el licor y el escuchar a Daud murmurar en sueños. Sostuve el amuleto de rata, esperando volver a ver la cara de Deirdre. Pero ahora espero que anoche fuera la última vez. Cuando vino a mí, sonreía; y supe que volvía a tener algo que compartir. Primero me besó el ojo sin vida, y luego me mostró lo que había estado escondiendo a su espalda.
Era la mano de Daud, cortada a la altura de la muñeca y toda grabada con la marca del Forastero. Observé mientras inclinaba la cabeza y besaba su fría carne, mientras susurraba en ese idioma que solo había oído en el Vacío. Entonces dejó caer la mano muerta, que se hundió en la oscuridad y desapareció.
¿Me mostró esto el Forastero? ¿Usa la cara de Deirdre, sus manos, su cabello, cosas que yo no compartiría jamás, cosas que guardo cerca del corazón? Si es así, no sé por qué; y no sé lo que significa eso para el viejo. No creo que él haya podido descansar nunca, ni siquiera ahora.