Hermana Rosewyn:
Aún tenemos que localizar tu diario de profecías y meditaciones personales.
La ladrona, como sabes, huyó por la pasarela que bordea el atrio y da al hueco del ascensor. Afortunadamente, murió al caer. La registramos, pero tu diario no se encontraba entre sus efectos personales. Puede que lo haya escondido en alguna parte antes de fallecer.
Nos hemos ocupado de forma apropiada del cuerpo de la hermana Sian, que murió al intentar reducir a la ladrona. En este momento lo están trasladando a nuestra capilla. Que su espíritu se desvanezca y se funda con el cosmos.
Estoy segura de que nadie ha descubierto tu diario sin informarnos de ello, pero sé que si atrapo a un decano leyendo tus notas privadas, tengo derecho a matarlo por su flagrante degradación a la mirada errante.
Tuya en la fe,
Hermana Ramos