Me han dicho que me puedo “retirar”.
Así lo expresaron, como si les acabara de llevar el té y pudiera abandonar la habitación. Y yo, tonta de mí, pensando que por una vez iba a tener la tarde libre. Respondí: “¡Estupendo, nos vemos mañana temprano”. Enrojecí por completo cuando me dijeron que no debía volver jamás. ¡Jamás! Sin dar explicaciones, y ni siquiera me permitieron ver a la buena doctora.
Debo de haber hecho algo horrible para merecer que me traten tan mal, pero, ¿qué? ¿No apoyé siempre a Hypatia? ¿No hice todo lo que me pidió? Mis manos eran su segundo par, ¡y son sus propias palabras! He intentado recordar qué pude haber hecho que estuvo tan mal.
Dejé ese vial en la encimera y se estropeó. Pero de eso hace un mes y a Hypatia no pareció molestarle lo más mínimo. Ahora creo que debí de decepcionarla, pero que quizás era demasiado buena como para decirme nada a la cara al respecto.
Todo ese trabajo que queda por hacer. Estoy demasiado alterada como para seguir escribiendo.