Anoche volví a escuchar los ruidos, pero no voy a abrir ese arcón. No con él dentro. No soporto ni mirarlo. Y no puedo volver a nuestro apartamento, ya que la Guardia mayor se ha apoderado del sitio.
Bastó un empujoncito. Cien veces le había dado más fuerte, pero se golpeó la cabeza y le abandonó la vida. ¡Menudo imbécil! Desde el día en que me casé con él no servía de nada.
Cuando murió, al principio todo iba bien. Tenía más comida para mí. Entonces las cosas comenzaron a pudrirse. ¡Es muy suyo atormentarme desde el más allá! Aun así, era solo un olor.
Pero ahora hay ruidos y no lo entiendo. Su espíritu ha regresado en busca de venganza, eso es lo que pienso alguna vez. Y al momento siguiente, ya creo que son ratas que han hecho su nido en su pellejo. El otro día grité “¡silencio!”. Pero el ruido incluso creció, como si fuera a reventar.
No sé cuánto más aguantaré.